Podemos comparar el tiempo con un círculo que diera vueltas eternamente; la mitad que desciende sería el pasado; la otra mitad que siempre asciende el futuro, y el punto superior indivisible que marca el contacto con la tangente sería el presente inextenso; así como la tangente no toma parte en el movimiento circular, tampoco el presente, punto de contacto del objeto (cuya forma es el tiempo) con el sujeto (que carece de forma porque no es cognoscible), sino que es la condición de todo conocimiento.
El mundo como voluntad y representación, Arthur Schopenhauer, [libro cuarto, cap. 54]