Un principio del Taoismo dice que:“Cuando todos reconocen la belleza como bella, ya hay fealdad;
Cuando todos reconocen la bondad como buena, ya hay mal.”(…)
Es una lógica tan sencilla que nos sentimos tentados de pensar que se trata de una ultrasimplificación.
La tentación es aún mayor porque trastorna la más cara ilusión de la mente humana, que es que con el correr del tiempo todo será cada vez mejor. Según la opinión general, si esto no fuera posible la vida humana carecería de todo sentido e incentivo. La única alternativa de una vía de constante progreso se considera que es una mera existencia, estática y muerta, tan triste y anodina que casi convendría suicidarse.
Zen consiste en liberarse de este esquema.
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Tener éxito es siempre fracasar, en el sentido de que cuanto más éxito tenemos mayor es la necesidad de seguir teniendo éxito. Comer es sobrevivir para tener hambre.
La ilusión de la mejoría surge en momentos de contraste, como cuando uno se da la vuelta en una cama dura. La posición es “mejor” mientras dura el contraste, pero no pasa mucho tiempo sin que la segunda posición comience a sentirse como la primera. La solución deja un extraño vacío en nuestra conciencia.
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El vacío surge porque la sensación de comodidad puede mantenerse sólo en relación a la sensación de incomodidad, así como la imagen es visible al ojo en razón del fondo que le hace contraste.
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Como lo expresa un poema del Zenrin:
“Recibir disgustos es recibir felicidad;
recibir acuerdo es recibir oposición.”Y otro lo dice con una imagen más vivaz:
“Al crepúsculo, el gallo anuncia el amanecer;
a medianoche, el sol brillante.”
Alan Watts, El Camino del Zen, 2ª parte, cap. I