La luz interior está más allá del elogio y la censura; como el espacio, no conoce límites; pero está ahí, dentro de nosotros, reteniendo siempre su serenidad y plenitud.
Sólo cuando la persigues la pierdes; no puedes asirla, pero igualmente no puedes desembarazarte de ella, y no pudiendo hacer tú ninguna de ambas cosas, ella sigue su propio camino.
Tú callas y ella habla; tú hablas y ella enmudece; la gran puerta de la claridad está abierta de par en par, sin ningún obstáculo enfrente.
Yung-Chia Ta Shih