Si sólo ayudas a tu familiar, a tu amigo, al que comparte tu afición o empatiza con tus ideales, sólo te ayudas a tí mismo. Si ayudas al que sufre, sólo cuando te dicen que sufre, sólo te ayudas a tí mismo.
Si ayudas al que te odia, al que te ignora, al que te quita la comida, ayudas al otro. Si ayudas al irresponsable, al vago, al maleante o al egoísta, ayudas al otro. Cuando intentas entender al que te molesta, empatizas con el otro.
Si has tenido suerte y tienes mucho que dar, dáselo al otro; ya tienes suficiente para ti mismo.
Cuando por fin entiendas que no hay tú ni yo, no habrás de pensar ya en bondad y solidaridad. Estos conceptos quedan diluidos en la naturaleza espontánea de la existencia.