Cae la lluvia suave
por el hueco de la escalera.
Sobre las manos y la cara,
suave, muy suave, golpea.
La vista se nubla,
el oído se apaga,
la mente se calma.
Por fin sientes, muy tranquila,
el dulce calor de la nada.
No temas, ya es tuya,
la quieta mirada.