Actualmente me encuentro inmerso en lo que llaman un proceso selectivo de tipo concurso-oposición; en concreto nos estamos peleando todos por unas plazas de profesor con las que tener la “vida resuelta” (ya hablaremos otro día de si la vida requiere resolución o no, y cuáles pueden ser las vías disponibles.) Aún no he visto ninguna de las dramáticas escenas que, como leyendas urbanas, se cuentan de otros procesos como éste, aunque teniendo en cuenta el nivel de tensión que muestran algunos candidatos, no sería extraño que se produjeran en cualquier momento.
En fin, que entre examen y examen estaba yo leyendo de budismo y esas cosas (sacrilegio de opositor), y me he encontrado con este bonito pasaje que he querido traer a cuento como dedicatoria a mis queridos oponentes. Os dejo con él, y sólo me queda decir aquello de: “¡Que la fuerza os acompañe!”
Hay un individuo que ha venido a verme con los ojos inyectados en sangre, y el rostro mostrando los signos de una depresión nerviosa. Me ha dicho:
-No sé si voy a aprobar el examen de funcionario.
Probablemente quería practicar zazen para curar su depresión nerviosa. Entonces le respondí:
-Si alguien como usted no aprueba el examen, es porque hay otros que son mejores que usted, así que, ¿no es ésta una razón para alegrarse?.
-¿¡Qué!?-, respondió él.
Yo no puedo hacer nada si este tipo es un tonto que no puede comprender esto. Y como el mundo está lleno de esta clase de tontos que no pueden comprender las cosas a ese nivel, no merece la pena ni contar esta historia.
-Si usted lo consigue, eso quiere decir que no hay nadie mejor que usted. ¿No comprende hasta qué punto es triste para nuestro país el que haya tanta gente inútil de su género?-, le dije.
-¡Oh!-, respondió él.
Estaría muy bien que la gente comprendiera las cosas a este nivel pero se contentan con lamentarse de sus propios fracasos. Sería mejor que pensaran: “Si no he aprobado el examen es porque hay muchos individuos mejores que yo. Aunque el Japón ya no es lo que era, todavía queda un buen número de gente dotada. Es mejor que me retire, y que esté agradecido por no haber conseguido el puesto.” Pero la gente no comprende esto. Los que lamentan sus fracasos son más numerosos que los que se inquietan poco por sus propios asuntos.
Miyamoto Musashi, Dokukodo.