el rastro del desapego

Leyendo el libro titulado “El Zen y las Artes Marciales“, de Ming Zhen Shakya, me he encontrado con la siguiente analogía religioso-filosófica entre cristianismo y budismo. Como bien se indica en el libro, en el Evangelio de Lucas 14 , 26 se dice:

“Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío”

Evidentemente Jesús nos ha de estar hablando metafóricamente, pues equipara por ejemplo el odio a la madre con el odio a la propia vida, lo que nos indica que aquí odio no significa desprecio, aversión y confrontación, sino más bien un “no-apegarse”, “no-aferrarse”, “no-privatizar” las relaciones humanas emocionales que subyacen en los vínculos de familia y amistad. Más aún, nos habla también de perder la intención de “conservar y retener” aquello que es impermanente e ilusorio, fruto de una elaboración del pensamiento, como es el “yo”, la “propia vida”.

También es evidente que ser discípulo de Jesús significa realmente dejar de ser discípulo de uno mismo.

La analogía se expone en el mismo libro con el siguiente relato Zen:

Después que su maestro le hubo comunicado que debía estar libre de todos los enredos emocionales y “matar” a aquellos a los que él estuviera apegado emocionalmente, el novicio dijo:

- Maestro, ¿incluyendo a mis padres? ¿Los debo masacrar también?

El maestro respondió:
-¿Quienes son ellos para que estén seguros?

-¿Y a usted, Maestro? ¿Debo también matarlo?

El maestro respondió:
-No ha quedado suficiente de mí para que pongas tus manos sobre eso.

Lo cual nos lleva al estado carente de “yo”, que da origen a un amor incondicional por todas las cosas, sin tratar de interferir en la vida de las personas y el resto de los seres.



2 comentarios a “el rastro del desapego”

  1. azucena dice:


    Visitar azucena

    estoy en el camino del desapego, y hoy sentí mucho dolor en mi pecho, porque siento que mis hijos se están despegando ya de mi. El camino es largo, y quiero avanzar, encontrar las luces que me acerquen hacia la iluminación

  2. Jandro dice:


    Visitar Jandro

    Azucena,
    El dolor se produce precisamente por aferrarse. No debemos confundir el cariño con posesión. Todo lo que hagas para cultivar el cariño y la comprensión te reconfortará y dará sus frutos, sin embargo lo que vaya encaminado a retener y mantener la proximidad (física, ideológica…) o seguir asegurando su protección, no hará sino incrementar tu dolor.

    En tu caso, la iluminación no es más que comprender que los hijos vuelan libres, y a veces, lejos. Y uno debe alegrarse de que los hijos puedan volar. Ese es el camino.

    Como dijo una antigua mujer sabia:

    “lo tengo y doy las gracias;
    lo pierdo y doy las gracias”


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