No hay nada de propiamente budista en el auténtico budismo. El budismo apela a la búsqueda de la verdadera esencia de las cosas, la cual no se puede describir mediante conceptos, y por tanto es no-identificable.
Cuando nos acercamos al budismo Zen, entramos por el camino de las ideas convencionales para rápidamente pasar a las ideas no-convencionales, o más propiamente a las no-ideas. Cada idea es como cada tablilla de un puente colgante que cae al vacío tras cada uno de nuestros pasos.
Algunas personas, asustadas, saltan rápido hacia atrás; la vieja orilla ofrece el refugio de lo conocido. Una vez allí, vuelven a ver de nuevo el puente completo: el camino está siempre abierto.
Otros pasan corriendo el puente, y se instalan cómodamente en la otra orilla. Para su sorpresa, la nueva orilla no es muy distinta a la antigua.
Hay muchos casos intermedios; el puente es muy concurrido.
Ya en la nueva orilla descubrimos que hay un nuevo puente hacia una tercera orilla, y otro hacia una cuarta, y así sucesivamente.
El paso transitorio por el puente se ha representado tradicionalmente por una puerta, abierta siempre hacia ambos lados. El Zen es el camino que lleva a esa puerta, y ante la puerta se abre de nuevo el camino. Ambos son inseparables en el Zen, parte de un sólo proceso: caminar. Permanecer en la puerta es andar el camino, andar el camino es llegar a la puerta.
Este es el significado de la puerta Zen: la puerta sin puerta.
Es la puerta que no cierra, que no divide ni separa, que no da acceso a nada distinto al otro lado; simplemente representa cada uno de los momentos de caminar el camino.
A ese respecto se escribió este bello poema y Koan:
Si no piensas no lo encontrarás;
no lo conseguirás pensado.

Alejandro Rosito dice:
12 de Abril de 2008 a las 23:37 ||Visitar Alejandro Rosito
El camino no lleva a una meta. La meta es el camino.